04 de Febrero 2018
Pablo Suárez
NUESTRO OMNISCIENTE DIOS
Conocer a Dios, y todo lo que Él ha revelado sobre Sí mismo, es la búsqueda más elevada de la vida. Proverbios 9:10 dice: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,
Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia”. Ningún hombre puede llegar a ser sabio sin conocerle.
En nuestra búsqueda de conocerle, nos maravillamos ante Su omnisciencia. Dios lo sabe todo, Él tiene un conocimiento pleno y total de todo: lo pasado, presente y lo futuro. El Salmista habla de lo infinito e ilimitado de su entendimiento (Salmo 147:5); Isaías anula cualquier comparación o superioridad ante su infinito conocimiento (Isaías 40:12-15), lo presenta como soberano, conocedor absoluto de los tiempos (Isaías 47:9-10); Pablo y Judas dan honra al “único y sabio Dios” (Romanos 16:27, 1 Timoteo 1:17, Judas 1:25); por medio de Juan, Dios se declara conocedor de las intenciones más profundas de nuestro corazón (Apocalipsis 2:23).
La grandeza de su conocimiento infinito debe afectar profundamente nuestro culto y adoración a Él, debe tener una profunda influencia en nuestra santidad personal y práctica, debe tener un profundo impacto en nuestra humildad, y debe ser el firme fundamento del consuelo, seguridad, dependencia y plenitud de nuestras vidas. Aún conociendo nuestro pecado e infidelidad, nuestro Dios omnisciente decidió amarnos, escogiéndonos antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, por medio de Jesucristo, para alabanza de la gloria de Su gracia. (Efesios 1:3-7).
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