23 de Septiembre 2018
Pablo Suárez
NO MURMURÉIS LOS
UNOS DE LOS OTROS
Cuantas más diferencias existan entre nosotros como miembros de una iglesia local, mayor es el reto que enfrentaremos para guardar la unidad. Las diferencias de opinión tienden a generar juicios, murmuraciones y vanaglorias. Tanto el antiguo como el nuevo testamentos tienen mucho que decir con respecto al pecado de la murmuración, aún cuando este no lo consideremos en los primeros lugares de alguna lista de “pecados graves”. La hemos generalizado tanto que apenas parecemos notarla. Dios le ordena a su pueblo “No andarás chismeando entre tu pueblo” (Lv. 19:16); es la característica de un hombre santo que “no calumnia con su lengua” (Sal. 15:3); es la característica de los malvados que ellos calumnian a los demás (Sal. 50:19-20; Jer. 6:28; 9:24); Jesús identificó que su fuente es un corazón malo (Mt. 15:19); Pablo temía encontrar difamaciones entre los corintios, efesios y colosenses cuando los visitara (2 Co. 12:20, Ef. 4:31 y Col. 3:8); y más enfáticamente, Santiago ordena de modo imperativo a no murmurar los unos de los otros (4:11-12) como una prueba de la genuina salvación, una fe viva y una medida de madurez espiritual.
Que el Espíritu Santo de Dios, nos ayude a disfrutar nuestra nueva vida en Cristo, “quitando de nosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes siendo benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef. 4:31-32)
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